jueves, 7 de abril de 2016

Precesión de Mercurio. Newton y la TGU (4)

Principio del fin porque, a pesar de su peso específico y relevancia como astrónomo y matemático, tras el fracaso en la observación de este eclipse de 1860, pocos astrónomos creyeron ya en su hipótesis de la existencia vulcaniana.

De hecho el astrónomo alemán Christian Heinrich Friedrich Peters (1813-1890) llegó a declarar a la prensa: “No pienso ser como un pato salvaje, que vuela detrás de los pájaros míticos de Le Verrier”. Toda una declaración de intenciones.

Por cierto Peters fue asistente en Gotinga nada menos que de Carl Friedrich Gauss (1777-1855) ¿Lo recuerdan? Es uno de los valedores de Marie-Sophie Germain (1776-1831) de quien les hablaba hace unos días con motivo del aniversario de su nacimiento.

Está visto que según para qué cosas, este mundo es un pañuelo.

Pero a lo que vamos. Pasados unos años y tras el fallecimiento de Le Verrier en 1877, que por cierto murió convencido de haber descubierto otro planeta, la teoría del suspecto Vulcano empezó a tambalearse.

A correr cierto peligro de desaparecer del mundo científico, al no contar ya con el apoyo de su creador.

Vulcano no existe y los eclipses lo prueban 
Un peligro que se volvió cierto cuando otros eclipses de Sol terminaron confirmando su no existencia.

Eclipses como el que hubo al año siguiente, el 29 de julio de 1878 en EEUU y donde se desplazaron varios equipos de observadores de medio mundo.

En uno de ellos instalado en Wyoming, estuvo el mismísimo Thomas Alva Edison (1847-1931), aunque a él no le interesaba en absoluto el problema existencial del planeta.

Lo que él quería era probar un nuevo invento de los suyos: un termómetro muy sensible que iba a exponer a la radiación infrarroja (IR) solar.

Cosas del inventor, siempre a lo suyo. En la imagen lo pueden ver a su derecha, con los brazos cruzados y en actitud displicente ¿Lenguaje no verbal?

Otro de los equipos lo dirigía el astrónomo y matemático estadounidense Simon Newcomb (1835-1909), desgraciadamente recordado en los anales de la ciencia por querer demostrar en uno de sus trabajos teóricos (1903) sobre mecánica aeronáutica, la imposibilidad matemática de que una máquina “más pesada” que el aire pudiera volar.

Como saben, a finales de ese mismo año los Wright demostraron en el terreno de la práctica, lo equivocado que Newcomb estaba en el campo teórico.

En una fría mañana de diciembre los dos hermanos, Orville y Wilbur, realizaron los primeros vuelos en avión de los que se tiene constancia documentada; lo dijo el sabio: nunca digas, nunca jamás.

Volviendo a la búsqueda del planeta, en este eclipse los resultados obtenidos tampoco pintaron bien a favor de su existencia. De forma cierta no encontraron nada, aunque en honor a la verdad se dijo de todo.

Y fue así a pesar del gran número de astrónomos participantes, de ir bien provistos de instrumentos de medidas, relojes y cámaras fotográficas, y de abarcar buena parte de la geografía estadounidense. (Continuará)



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