Quizá yo esté equivocado y tú en lo cierto,
quizá con un esfuerzo a la verdad nos acerquemos.

Karl Popper
, filósofo y teórico de la ciencia austro-británico (1902-1994)

lunes, 19 de junio de 2017

Lorentz y el electromagnetismo de Maxwell

(Continuación) Lo digo en este caso por la exposición, cualitativa y cuantitativa, que el propio Maxwell hizo de su teoría y que resultó ser de todo menos clara. Algo, créanme, muy diferente de la que hemos estudiado en nuestros tiempos escolares y profesionales.
Trato de decirles que en honor a la verdad -y sin restar un ápice de mérito a la extraordinaria y sintetizadora labor de Maxwell, Dios nos libre-, la exposición que hizo de sus ecuaciones anda más cerca del concepto que tenemos asociado al término ‘caos’ que al de ‘cosmos’.
A cualquiera que haya visto sus artículos le llamará la atención el batiburrillo en el que las ecuaciones fundamentales se mezclan con una fenomenología hasta cierto punto improvisada, dando lugar a un cúmulo de símbolos y a un aluvión desbocado de palabras y ecuaciones.
Una especie de pandemónium que en nada se parece a esa estructura clara, compacta y elegante bajo la cual los estudiantes aprenden en la actualidad las “Ecuaciones de Maxwell”. Una claridad que debemos al señor Lorentz.
Es él quien depura el contenido maxwelliano de las ecuaciones, separando como en un aventamiento electromagnético, el grano de la paja.
El grano es, naturalmente, el mensaje último de las ecuaciones, mostrado en su forma simple y elegante tal como lo conocemos hoy. Esas ecuaciones que nos describen la interacción (F) entre los campos eléctrico (E) y magnético (B) y las cargas eléctricas (q) en movimiento (v). Y paja, claro, todo lo demás.
Desde entonces, y gracias a la labor de Lorentz, contamos con ese conjunto de ecuaciones bien definidas que nos permiten describir el comportamiento de los objetos que poseen una masa (m) y una carga (q) dadas. Una posibilidad que antes de él rozaba la entelequia
Una didascálica aportación la suya sobre las ecuaciones de Maxwell, que no ha tenido el reconocimiento científico que se merece. Sirvan estas líneas como denuncia y a modo de sencillo reconocimiento.
Por ir acabando esta elemental incursión en la teoría del electrón “lorentziana”, motivada por el mero oportunismo temporal de la celebración del 125 aniversario de su creación, añadir unas pinceladas. Una relacionada con sus limitaciones como hipótesis y otra con su capacidad de influencia.
Aunque durante un tiempo la teoría gozó de plena validez, con la llegada en el primer tercio del siglo XX de la mecánica cuántica y su revolucionaria física, las reglas del juego cambiaron. Y con ellas la posibilidad de que la masa del electrón se debiera a una reacción a su propio campo. (Continuará)

            

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